El hombre de látex

Todo empezó cuando su madre le enseñaba el arte de la prostitución a distancia. Una forma de ganar dinero rápido y fácil, solo se necesitaba una buena señal de Internet, un computador con web cam y tener la disposición de deleitar a cualquiera.El hombre de latex

Había meses en los cuales se conseguía lo necesario para sobrevivir, otros que la riqueza se basaba en tener unos cuantos gramos de pasta dental. Pero eso no le impedía a esta madre querer sacar adelante a su hijo, innovando en las técnicas que desarrollaba al frente de su web cam. Todos los días se resumían en tener todo preparado para el momento de la verdad, una cama con un tendido negro con rojo, donde el negro predominaba, ya que así se podía esconder un poco la suciedad acumulada por las largas jornadas de trabajo.

“Una artista”  así el veía a su madre. Apenas con diez años sabía todo sobre al arte de ganarse a un público lleno de ansiedad, otorgándole un significado a sus necesidades convertidas en deseos. Lugano un niño no muy alto, con problemas alimenticios, pero con unas ganas desbordantes de complacer a su madre. El pelo oscuro al igual que sus ojos y apenas mudando las últimas muelas, lo acompañaban a levantarse todos los días para cumplir con la labor de su madre, satisfacer.

Un día  como cualquier otro, Lugano se levantó más tarde de lo habitual, dándose cuenta que su madre lo había dejado descansar. Abrió un poco la puerta de donde ella se encontraba trabajando, pero sucedió algo que no comprendía. Empezó a sentir sensaciones cada vez que su madre posaba de diferentes formas frente la cámara. Esas sensaciones le iban mostrando el camino por cual tenía que ir su mano, debajo de su pantalón.

No paso  mucho tiempo para que se empezara a masturbar  viendo a su madre. Un deseo que se alimentaba diariamente volviéndose  incontrolable. Ese deseo lo controlaba con un hobby que a medida que pasaban los años se iba volviendo parte de su vida, fotografías de mujeres en baños públicos. Tenía una gran colección de estas, con las cuales podía satisfacer el deseo que lo conducía a lo prohibido. Gracias a su edad le era fácil escabullirse por los diferentes baños públicos, los cuales programaba por una especie de rutas para que los mecanismos de seguridad no lo detectaran.

Ya a los 13 años su motín era abrumador. Tenía fotos de todo tipo. Pero esto lo incitaba a querer más. Desarrolló un gusto insaciable por las mujeres embarazadas. Sentadas con su barriga a punto de dar a luz lo conducía a pensamientos carnales y pervertidos, haciéndolo sentir control de sí mismo. Día de por medio abría el cuarto de su madre para poder verla por unos minutos y salir en busca de nuevos planos y fantasías.

Como era habitual salió en caza de mujeres retratadas, recorriendo diferentes sitios y acumulando nuevos tesoros. Cuando su día de recolección iba a terminar decidió hacer la última parada en la “Calle Laurados” en donde todas las personas adictas a las drogas se reúnen a consumir. Él, emocionado por lo que podía conseguir ahí, se empezó a escabullir por medio de lo que quedaba de los que alguna vez fueron niños como él, llegando a lo que más se parecía a un baño. Eran una especie de letrinas por la cuales salían un olor ácido y mordaz que te hacían sentir a unos cuantos pasos del infierno. Espero unos diez minutos cuando empezó a escuchar a una mujer hacer un ruido repetidas veces. Lugano intrigado se acercó para ser partícipe de la toma más asombrosa de su colección, una mujer dando a luz. Después de varios intentos la mujer pudo tener el niño. El emocionado no dejaba de hundir el botón de su cámara capturando todo lo que podía. La mujer tomo al niño en sus manos, empezándolo a oler, haciendo que la expresión en su cara cambiara, mostrando una ansiedad desmedida. Desesperada por el llanto lo empezó a morder repetidas veces, convirtiéndolo en su alimento, haciendo que el botón de la cámara de Lugano dejara de usarse.

Todas las ilustraciones son hechas por Monica Cordoba T.

CONTINUARA…

El hombre de latex

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