2 x 1 es mucho mejor que uno

En una ciudad colombiana nacían dos niñas hermosas. Una llamada Carla y la otra Sofía. Estas dos niñas fueran una bendición, así lo pensaban sus padres. Sus padres eran personas trabajadoras pero muy bien acomodadas. Pensaban que el trabajo suscitaba la felicidad.2x1 es mejor que uno

Su madre decidió dedicarse al cuidado total de las niñas mientras el padre se encargaba de llevar las raciones necesarias para vivir cómodamente. Es así como su vida se desarrolló en un barrio residencial no muy lejos del rio principal de la ciudad a la que habían llegado después de escapar del largo trajín que llevaba consigo la capital.

A los catorce años las gemelas ya entendían el entorno en el que fueron educadas. Una vida atada al consumo mensual y al desecho orgánico diario. Pero esto para ellas era lo habitual. Carla una niña de hermoso parecer con ambiciones sentimentales que la conducían a tener diferentes fantasías con diferentes niños mayores de su colegio, la configuraban en una persona dulce y despistada. Al contrario de Sofía, una niña con una personalidad atroz, con una seguridad desbordante y con el único anhelo de comerse un pedazo de mundo todos los días en su desayuno. Eso sí, hermosas.

En eso se resumían unas vidas que de se desenvolvían en el promedio. Una línea de tiempo que no se podía romper, por el gran esfuerzo que hacia su padre para mantener el equilibrio. Mientras su madre daba todo de sí para darles un ejemplo de conducta y principios morales destacables.

Un día como todos los demás las gemelas llegaban de su colegio. Se bajaron del carro de Roberto, el encargado del transporte y siguieron hacia la puerta principal. Cuando entraron se encontraron con lo inesperado. Una gran fiesta de cumpleaños sorpresa hechas por sus padres. Llena de colores y motivos para estar alegres. Todos los amigos de las gemelas fueron llegando a medida que pasaba la tarde dando como hecho un momento especial.

Los invitados ya se habían ido, eso concluía como la hora de dormir. De repente escucharon el grito de su madre atrás en el patio de ropa, ellas no entendían lo que pasaba pero eso no les impidió querer salir corriendo hacia allá. Un desmayo inmediato fue lo único que se pudo percibir.

Al abrir los ojos Carla y Sofía se encontraron con un nuevo mundo. Uno en el que la comodidad era lo ajeno a su realidad. El entendimiento de lo que había pasado no era lo que pasaba por su cabeza en ese momento, solo daban por hecho las dos mujeres que se encontraban al cuidado de ellas. Estas las forzaban diariamente a trabajar en una casa lo bastante grande para tener por lo menos unas cien niñas recluidas.

El rojo envejecido de las paredes construía un entorno transformativamente adyacente. Sofía se veía enfrentada a diario con el destruir. Una destrucción que se alimentaba de la ira, de la ambición de caos, un caos abusado por la insatisfacción de no ser dueña de su propio cuerpo. Por el contrario Carla, sentía que lo que estaba ahí viviendo era una prueba. Una prueba celestial comandada por sus padres. Esos dos seres que dejaron la tierra para ser parte de la monomanía que posee todo ser humano. El anhelo de la tierna inmortalidad de tener siempre a los amados consigo.

Todos los días entraban en conexión con una persona diferente. Tenían tratos diferentes para cada persona, según lo que les enseñaba el “protocolo Lugano” un documento escrito que dejaba claro el proceder de la tarea diaria. Ellas escuchaban rumores sobre él… Una persona que se basaba en la necesidad constante de tener más. Una cantidad exuberante de mujeres y niñas, algunos decían que era su hobby. Pero en realidad nadie estaba muy seguro de lo que decía. Así es como a Carla y Sofía les tocaba soportar a diario la abismal faena de hombres con erecciones chocarreras, pero llevándose el mejor plato de la casa. “las gemelas”.

Las gemelas ya tenían sus sectarios definidos. Unos con importantes cargos  fuera de la casa de paredes rojizas, otros con trabajos corrientes pero que usaban su salario como homenaje a su monotonía. Una jornada llego un personaje que le decían “el doctor.” Carla y Sofía ya tenían claro su papel, vistiendo a éste hombre con un traje de látex mientras le apretaban las huevas con alicates, poniéndole una soga en el cuello y tratándolo como un perro. Esto lo hacía eyacular de inmediato. Le gustaba que lo pasearan por el cuarto, mientras el gateaba jalado por Sofía. Carla mientras tanto se masturbaba encima de la cama, pensando que algún día su príncipe azul la sacaría de ahí.

Mientras las gemelas dormían, de repente fueron levantadas y montadas en un camión. El trayecto fue largo y nauseabundo. El vehículo en el que iban tenía un centenar de mujeres, de todo tipo. Cada una cumplía con el “protocolo Lugano.” Cuando llegaron el olor a Crack era abrumador. Una puerta de metal fue abierta, dejando pasar a toda la mercancía a sus respectivos recintos, donde una tenue luz azul hacia que la soledad fuera su única compañía.

Al día siguiente, fueron despertadas para una formación en el ala principal de la casa. Cuando paso lo inesperado. Las dos mujeres que fueron las encargadas de la custodia y educación en la labor de las gemelas, escoltaban a un hombre delgado de estatura promedio. Las mujeres se quedaron observando a la mercancía ahí presente, mientras este hombre rondaba entre ella, clasificándola por medio de un inventario que traía en sus manos. Después de esto se acercó a las dos mujeres, les dijo algo al oído y desaparecieron por una de las puertas.

A los tres días las gemelas fueron llamadas por Lugano. Entraron a un cuarto remodelado e impecable, nunca se imaginaron una parte así de la casa. Las gemelas quedaron aterradas cuando se dieron cuenta que el hombre que habían visto al lado de las dos mujeres se encontraba acostado encima de un tapete negro con rojo, donde el negro predominaba para esconder las suciedad de los rituales ahí ejercidos. Le pidió a Carla que besara a Sofía mientras él las miraba por el espejo que cubría toda la pared posterior del cuarto.  Cuando ellas trataron de acercarse a él, les grito con tal fuerza que ellas quedaron ensordecidas, dejándoles claro quien ponía las reglas del momento. Entraron dos hombres a estar con las gemelas, mientras que Lugano observa por medio del espejo. Al final de todo se volteó, las miro a los ojos y les dijo “adiós”.

Al día siguiente las dos mujeres entraron en donde residían Carla y Sofía, diciéndoles que se tenían que preparar muy bien, ya que esa noche se dirigirían a la casa de una persona muy especial para Lugano. Así fue como Carla y Sofía salieron esa noche a satisfacer el deterioro de lo inusual. Terminando el trabajo como se debía. Cumpliendo el deseo de lo pútrido.

Todas las ilustraciones son hechas por Monica Cordoba T.

CONTINUARA…

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