Lazos Reales

Andrés, un niño de 13 años que se mantenía con su perro Gastón desentrañando nuevas aventuras y vivencias, siempre dejándose llevar a un pensamiento que lo aislaba en su mayor anhelo, encontrar a su madre que se había ido cuando él tenía 7 años.Lazos Reales

Cuando cumplía 14 años, se encontraba rodeado de sus amigos y su tía Jude. Ésta, una mujer ya llegando a las los cuarenta quien se encargaba del cuidado y bienestar continua de su sobrino. Regalos, torta, payasos, convertían el momento en una experiencia única. A la hora de entregar los regalos, recibió de todo tipo: carros, figuras de acción, aviones, pero uno fue el que más le llamo la atención. Una postal de su madre que decía que se encontraba bien, dejándole claro que todo lo que ella hacia era por el amor de él. Sin embargo algo que no entendió era la fecha que aparecía en la parte superior de la postal, la misma en la que el cumplía 14 años.

Al día después de su fiesta de cumpleaños Andrés estaba sacando a Gastón a unos cuantos metros de su casa, cuando escucha el llamado de su madre. Él atónito, halo a Gastón y se dirigió rápidamente hacia donde se escuchaba la voz, llevándose la gran desilusión de no encontrar nada. Ese mismo día su tía, Jude, se había ido donde su abuelo, un anciano de 87 años ya que sufría fuertes ataques asmáticos. Esto hacia que ella tuviera que salir a menudo a verlo. De camino hacia la entrada de su casa sacó la llave de su bolsillo, arrojándola de inmediato al suelo debido a la temperatura tan elevada. Cuando la levantó, notó que solo era impresión y abrió la puerta.

Adentro de su casa siempre había dos gatos que no le agradaban. Él sentía que lo vigilaban, tirándoles siempre algo para espantarlos. Esta vez le quitó el collar a Gastón para que el los ahuyentara. Muerto de la risa por la hazaña de su perro le dio agua y lo acarició un poco. Se dirigió a su cuarto, en donde tenía una gran colección de súper héroes y películas llenas de aventura y fantasías. Haciendo un recorrido pequeño por éste, decidió descansar un poco, quedándose dormido.

Al otro día se levantó animado ya que siempre sus sueños eran guiados al reencuentro con su madre, llevándolo al momento donde se daba cuenta de la realidad, no teniendo más remedio que suspirar. Lo primero que hizo apenas se levantó fue dirigirse al baño y mirarse al espejo mientras hablaba con él. Ese gemelo que hace que te prepares para poder enfrentar cualquier reto o aventura que te depara el día. Siempre le dedicaba un par de líneas, más cuando tenía algo especial donde también se encargaba de darle el sí, para no salir mal exteriorizado.

Cuando salió del baño se acordó de que había quedado de ir a donde su mejor amigo Marcelo, pero no tenía como ir, dándose cuenta que las llaves del carro de su tía no estaban colgadas y no tenía permiso para salir. Así que decidió sentarse a escribir un poco. Su gran pasión por los cuentos de aventura y héroes, lo llevaban a convertir grandes historias, llevándolo a ganar grandes premios. Al terminar la historia, miro el reloj y habían pasado dos horas. Después de un rato escucho en el garaje, el motor de un carro, rápidamente salió hacia allá, dándose cuenta que se trataba del carro del vecino, así que decidió sacar a su perro.

Al sacarlo sintió como todo el viento se dirigía hacia un árbol. Este árbol siempre había tenido un aroma muy especial. Su movimiento se volvía intenso, una especie de baile arrítmico que lo llenaba de emoción. De repente escuchó la voz de su madre llamándolo, pero esta vez con un tono angustiado, dándose cuenta que venia del árbol, corrió lo más rápido que pudo con Gastón halado por su mano, se dio cuenta que nuevamente no era nada, creando un sentimiento de soledad fragoso.

Decidió entrar a su casa y buscar algo con que entretenerse, no hayo nada, sólo habían un par de barajas de cartas, las cogió y empezó a tirárselas a Gastón. Gastón animado empezó a dañar unas cuantas. Andrés con un fuerte grito hizo que parara, escuchando de un momento a otro unos fuertes golpes en una puerta, haciendo que reaccionara, dirigiéndose rápidamente hacia ellos. Cuando llegó, no había nada. Esto lo lleno de miedo, poniendo a Gastón al lado suyo. Solo quería estar con su madre, pero en ese momento solo podría recurrir a su tía, que se tardaba más de lo esperado. Pasaron las horas y fue quedándose dormido al lado de su perro.

Empezó a escuchar una voz muy agradable, parecida a la de su madre diciéndole que se despertara. Cuando abrió los ojos, era su tía que lo había encontrado en uno de los sofás, al lado de su perro. Lo primero que pensó fue en las dos ocasiones anteriores en las que había escuchado esa voz tan parecida. Le preguntó a Jude que a donde se había ido, recibiendo como respuesta “Andrés yo he estado todo el tiempo en mi cuarto”. Esto lo llevo a llenarse de intrigas.

Dominado por la duda y la incertidumbre por lo que había pasado. Empezó a cuestionar el por qué no se dio cuenta que su tía siempre estuvo ahí, el parecido de la voz que había escuchado las dos ocasiones, poniéndose en la tarea de buscar respuestas. Ese mismo día, su tía se encontraba sentada leyendo sus libros sobre lógica y el pensamiento del ser, temas que a Andrés no le gustaban mucho. Decidió poner a Gastón al lado suyo y observar a su tía. Después de unas horas su tía se levantó y le pregunto “¿Andrés que hacías ahí durante tanto tiempo mirándome?” Andrés atónito no respondió nada y se marchó a su cuarto.

Al siguiente día el plan estaba armado, tenía planos de todo lo que necesitaría para desenmascarar a su tía y así lograr respuestas, llevándolo a encontrar algo acerca de su madre. Así que puso el plan en marcha.

Cogió una cámara de rollo, una bitácora de notas para retratar todos los movimientos de su tía. Después de todo un día de seguimiento y análisis, todo lo tenía llegando a una gran conclusión: Su tía lo tenía recluso en la casa. También se dio cuenta que parte de lo que leía su tía eran informes del comportamiento de él. No entendía lo que pasaba. Era algo inconcluso.

Al día siguiente Marcelo su mejor amigo iba a visitarlo, como era de costumbre. Andrés iba a pasarle todos los datos y fotos. Las fotos aún estaban en el rollo. Cuando Gabriel recibió el testimonio y no podía creer todo lo recogido, se mostró bastante sorprendido, así que con un gran abrazo, le ayudó a revelar las fotos y a guardar sus datos.

En un repentino despertar, volvía a escuchar esa voz cada vez más angustiada. Se despertó asustado y lo único que pudo hacer fue dirigirse al baño. Era el día donde los datos eran lo suficiente certeros para enfrentar a su tía. Tenía que esperar que Gabriel trajera sus fotos.

Cuando llegó Gabriel lo primero que hizo Andrés fue darle un abrazo y decirle que gracias por el apoyo prestado, le dio las instrucciones necesarias para la siguiente parte del plan, dirigiéndose a la biblioteca, en donde su tía se hallaba leyendo. Todo comenzó con un “tía necesito hablar”, ella muy plácidamente le dijo “claro” y se sentaron. Andrés con lágrimas en los ojos se limitó a hacerle preguntas. Le pasó las fotos, contándole la experiencia con las voces. Le dejó clara su conclusión de la reclusión en la casa, la comida que se le daba a diario y las vitaminas que supuestamente eran parte de su desarrollo físico.

Ella sorprendida por todo lo que había hecho Andrés solo pudo decirle, “Andrés tienes que ver la realidad tú no eres un niño normal. Debido a todos los acontecimientos que viviste a los 12 años es que te pasa todo esto y si no me entiendes mira estas fotos”. En las fotos aparecían otros niños al lado de su tía, pero lo que le llamó la atención es que todos estaban vestidos de blanco junto a unos adultos también vestidos así. Andrés no entendía muy bien lo que estaba pasando. Su tía le dijo: “Andrés esto es una clínica especializada en niños como tú, que han pasado por situaciones fuertes, por esa razón crean realidades en donde no sufren.”

¿Qué? Fue la primera palabra de reacción que tuvo Andrés. Inmediatamente pregunto ¿dónde está mi mamá?, tu mamá se suicidó por problemas económicos, ella no aguanto la presión de la quiebra y se quitó la vida, por esa razón estas aquí. Andrés llorando llamo a Gabriel quien entró rápidamente y Jude le dijo: “no lo tienes que llamar, él ya me entrego todo, mira lo que escribiste y las fotos que tomaste”. Lo que Andrés le había dado a Gabriel eran dibujos. Andrés no entendía, ya que el había escrito y tomado las fotos necesarias para la investigación. Gabriel se metió en la conversación y le dijo: “yo soy el encargado de tu seguridad aquí en la clínica y nos hemos vuelto muy buenos amigos, en pocas palabras soy la persona a la cual le cuentas todo, la tía Jude es médico encargada del seguimiento psiquiátrico”. Andrés quedo aturdido de todo lo que había pasado, salió corriendo de la biblioteca que se había convertido en un consultorio. Lo primero que hizo fue buscar a su perro Gastón, pero no estaba por ningún lado. Estaban todos sus amigos con los que había estado en su cumpleaños y los adultos de las fotos a su lado. ¿Será que todo lo que me dijo es verdad?, se preguntó Andrés. Dudando todavía de lo ocurrido se dirigió a su cuarto a dormir un poco.

Al día siguiente se despertó y al primero que vio fue a Gabriel, el cual estaba sentado afuera de su cuarto con una gran sonrisa, diciéndole: “no te preocupes simplemente sigue tu felicidad y vive en donde creas que es necesario hacerlo ¿qué tal si vamos a jugar con Gastón?” Andrés con una gran sonrisa, le respondió ¡sí! siguiendo su corazón y transformó su vida como lo hacemos todos.

Todas las ilustraciones son hechas por Monica Cordoba T.

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