Dos WAKIZASHIS

 

Escuchar para leer.

Era una noche como todas, salíamos a darnos un paseo por las calles del norte de Bogotá pero no nos llenaba del todo. La grasa de las hamburguesas y las peladas amigas de Jimmy que nos habíamos comido no nos satisfacían, necesitábamos adrenalina de verdad.

Empezamos a salir del sector que siempre recorremos para encontrarnos con diferentes facetas de la ciudad. Con nuestros trajes de sastre anunciados en todas las revistas de moda, zapatos de cuero, pañuelo de bolsillo y acelerando sin piedad una belleza de carro.  Fue así como anduvimos por diferentes calles, cada una con una personalidad única, la sensación era inminente, ese cosquilleo que se da cuando se sabe que lo que viene esta bueno.

Llegamos a Chapinero un barrio donde se ve de todo. Cruzándonos con un montón de punketos que se reunían cerca del parque de los hippies, era una manada de crestudos, cubiertos de cuero y cadenas, tratando de expresar la insatisfacción de una sociedad podrida y desesperanzada. Pero eso no nos conmovía solo queríamos arreglar la mala racha que llevábamos, haciendo lo que sabíamos hacer.

Así que parqueamos un poco más adelante de la plaga, abrimos la bodega del carro y dejamos que nuestros ojos se deleitaran con tal hermosura… Dos WAKIZASHIS listos para inspirarse para lo que fueron hechos. No podíamos dormir sin ellos, solo que en cuando andábamos en las calles nos tocaba tenerlos bien guardados por si algún tombo nos paraba. Entonces le pase a Jimmy el de él y emprendimos camino hacia donde estaban esos perros sin dueño.

Nos hicimos al frente del bar en donde estaban para ver si nos decían algo y efectivamente empezaron con las sandeces. – “Pero sí llegaron los French Poodle ¿Qué hacen por acá tanguitas? ¿Están buscando qué les roben ese trajecito de riquito?”

Y empezó la acción…

Yo me fuí caminando tranquilamente mientras esos pedazos de mugre empezaban a alistar sus cadenas y botellas, sin percatarse que tenía mi aliada dentro de la manga de la chaqueta. Jimmy sin pensarlo dos veces arrancó su vuelo cortando a la primera rata por la mitad, yo sin poder resistir las salpicaduras de sangre en mi zapato saque lo mío cortándole la mano al primero y mientras se caía suavemente con una cadena en la mano, dejaba sin pies a dos más. Jimmy y yo no perdíamos tiempo con movimientos hostiles, parecíamos que hubiéramos practicado durante meses. Pero no fue así, simplemente nacimos para eso. Como dos compositores manifestando una sinfonía, la mejor sonata que habíamos hecho hasta el momento, “TOUCHE”.

Sólo quedaba dejar la obra bien expuesta, guardar los pinceles, cerrar la bodega, limpiarnos de cualquier pecado repitiendo una y otra vez  el…

(SALMO 50) Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa;

4-lava del todo mi delito, limpia mi pecado.

5-Pues yo reconozco mi culpa,  tengo siempre presente mi pecado:

6-contra ti, contra ti solo pequé, cometí la maldad que aborreces. En la sentencia tendrás razón, en el juicio resultarás inocente.

7-Mira, en la culpa nací, pecador me concibió mi madre.

Mientras arrancamos en busca de algo nuevo. Continuará…

 

 

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